lunes, 29 de noviembre de 2010

Viajar en el tiempo


Retroceder dos décadas es realmente peligroso aunque parezca a primera vista divertido.
Quedar atrapado en un lugar que no te pertenece puede causarte la locura o conseguir ser lo que nunca llegaste a ser y al no poder retroceder en el tiempo, nunca sería posible (Recordemos el Día de la Marmota)

Esto sucede en los 80 son Nuestros. 6 Actores, Seis, nacidos en su mayoría en los 90, encarnan en el 2010, a 6 chicos de los 80. Puede parecer una formula de trigonometría, pero no lo es. No solo ellos juegan a viajar en el tiempo, sino que todos lo hacemos ante el talle alto, camisas de cuadro de franela, pantalones de cuero de colores vivos, jerséis XL y petos vaqueros.

Ana Diosdado escribió Los Ochenta en los 80, la estrenó en los 80 con actores de teatro que luego pasaron a la Televisión (Amparo Larrañaga, Luis Merlo, Lydia Bosh etc) Ahora la vuelta parece dar un giro de tuerca al asunto, los actores jóvenes que nacieron en la televisión saltan a las tablas 22 años después, viajando en el tiempo y haciéndonos ver, lo poco que todo ha cambiado.

La obra comienza un fin de año, con una reunión de amigos y un crimen. Los cambios sociales y culturales en los que viven los personajes son antagónicamente diferentes a los que los jóvenes de hoy vivimos, pero seguimos estando en situación inestable, quizás más que entonces pero de otra manera. Tendrán que enfrentarse como cualquier niño que crece a la muerte y al dolor, la violencia, pero también al amor, al sentido de la amistad y la responsabilidad, los cambios físicos, los cambios mentales y políticos, dejar atrás cosas para perderlas para siempre.

Estamos hablando de crecer, y que en toda generación sea la década que fuere, nunca se desea abandonar lo más vulnerable de nuestras vidas y lo más preciado “en mis tiempos esto era mejor” oiremos decir a nuestros padres aunque tengan 60, 50 o 40 años.
Porque la juventud es esa parte mejor, en la mayoría de los casos, de la vida de una persona, entre la niñez y la madurez alcanzamos un aura que a veces, deseamos arrastrar por toda la vida y nos convertimos en Peter "Panes" que buscan a Campanilla.

En esta obra retomaremos ese pellizco en la boca del estomago cuándo todo es nuevo, como cuándo arranca un tren a un lugar desconocido por vez primera, revivirás en tu vida personal ese momento en que eras un niño a punto de dar el salto. Y si eres un niño que está justo en ese momento, te emocionarás tanto que no querrás salir del teatro hasta que sientas que tu también has dado ese salto con los personajes.

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